lunes, 30 de noviembre de 2009

Lo indebido

Imagen por Francisco Pelayo
Imagen por Francisco Pelayo

Los pasos se confundían con los latidos de su corazón angustiado. La silueta lo perseguía cada vez más cerca, recortándose a través de la luz de la luna. El cráneo le latía en crujidos, a la vez que su vista se nublaba.

Poco faltaba para llegar a la plaza de armas de la ciudad, cuando su perseguidor lo agarró del hombro, girándolo y encarándolo,

- ¿Por qué lo hiciste?, si yo la amaba.
- Yo también, pero su existencia, como la tuya, no son correctas. No pueden ser. Ahora suéltame antes que alguien te vea.

Pero no fue soltado, al contrario. Las manos que apretaban su abrigo, ahora rodeaban su cuello. Luchó por escapar, pero la falta de oxígeno lo debilitó hasta la muerte.

El asesino, conforme por haber equilibrado el universo, miró unos instantes el rostro sin vida antes de perderse entre la penumbra de los callejones.

Era su propio rostro.



1 comentarios:

Erzsebet dijo...

Borrando, estirpando, mutilando el pasado, la sombras del pasado te persiguen hasta que no las enfrentas y le das un balozo directamente al corazon o lo decapitas

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