lunes, 27 de febrero de 2012

Cuento Corto: "El Ángel Caído" en Fantasía Austral


Al principio, en las pantallas de los dirigibles sólo se veían escenas cotidianas. Las imágenes monocromáticas mostraban a la gente paseando por los parques, conduciendo sus humeantes triciclos y jugando damas en las plazas públicas, donde también se observaban niños correteando y ancianos alimentando con migajas a las palomas. Era una especie de extensión de la mirada que cualquiera podría dar desde la ventana de su propia casa.

Luego aparecieron los primeros Parafernálicos. Confeccionaban verdaderos escenarios para sus presentaciones, donde utilizaban toda clase de vestimentas, cables y pirotecnias.

Ángel era uno de los más afamados. En sus comienzos, aparentaba ser una más de las gárgolas que vigilaban agazapadas junto a las ventanas ojivales y las torretas puntiagudas de las catedrales. Desplegaba los tres metros de sus alas mecánicas para lanzarse en picada y pasar con vuelo rasante por sobre las cabezas de los transeúntes, que quedaban petrificados de fascinación.

También se apreciaba el arte de Beatriz, quien se tomaba las vitrinas de las tiendas para señoras y daba vida a los maniquíes, escenificando sucesos bíblicos como la visita del arcángel Gabriel a María. Siempre había ángeles que ella misma representaba en sus acciones de arte, con sus hermosas alas de blanqueadas plumas de avestruz. Sus accesorios celestiales, en lugar de disminuir su destreza en la gimnasia de piso, la resaltaban.

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